Archivo del blog

lunes, agosto 14, 2006

Touche¡¡¡¡

En mi ordenador suena The House of the Rising Sun, de the Animals, canción que irremediablemente me recuerda a veranos mejores… en un pequeño pueblo de Cantabria, soñando con la noche de las estrellas fugaces, en aquel campamento de quince días donde aprendí que los deseos jamás se cumplen... En lo alto del pico Tres Mares se ve todo diferente... cargado con saco de dormir y algún sueño de beso nocturno mientras dormía a tu lado... tú tan fría como nunca... yo, tan tonto como siempre... y sin embargo tú a mi lado y yo al tuyo... arropados por esa manta térmica para dos... y nunca me quedó claro porque me elegiste a mí para esa noche, ni porque me acuerdo ahora que ha pasado tanto tiempo... quizá porque sé que no me porté bien contigo, y esta sea mi manera de pedirte perdón... pero ya digo, en la cima del Pico Tres Mares se ve todo distinto... aquella fue la noche más bonita que jamás he vivido, no por lo que en ella pasó, sino por la noche en sí... conté más de treinta estrellas fugaces antes de poder dormir... y es probable, aunque no recuerdo, que a cada una le correspondiera su pertinente deseo... y sin embargo me reconociste al día siguiente que estaba mucho más guapo mientras dormía, que te habías quedado en vela sólo para verme... y yo te quise besar ya hacía dos días, en aquella habitación tuya llena de literas, pero hiciste bien al decirme que no, que en unos días tú estarías en cualquier lugar, y yo me olvidaría de ti... sin embargo te prometí que no, que jamás me olvidaría, y ya ves... cumplo mis promesas... aunque reconozco que no me porté bien contigo, también es cierto que nunca fue queriendo... Allí aprendí a jugar al billar, entre chocolatinas de barra de bar y olimpiadas de televisión... y en fin, campeón de billar, y de baile lento... y ese baile lento nunca fue contigo, sino con Iris, una chica guapísima a la que le pregunté por qué no se lanzaba a por el chico que le gustaba... pero nunca se decidió, y el chico tampoco, y los dos como tontos se despidieron en la puerta de un autobús, casi algo parecido a lo que nos pasó a nosotros... aunque nosotros sí habíamos hablado... y allí, en aquel pequeño pueblo de Cantabria sentí por primera vez la sensación agridulce que dejan los anónimos... yo siempre pensé que fue tuyo, pero te pusiste tan seria al decirme que no, y casi hasta celosa, que entonces no entendí nada... y es que de qué sirve decir entre palabras anónimas lo que se siente, si no se puede saber quién es la persona que lo siente... Mi espíritu detestivesco me llevó a las puertas de un grupito de cuatro muchachas que en Septiembre iban a ser compañeras de colegio, que no de clase ni curso... aunque eso fue una declaración no firmada que le pude sacar a un amigo de esas chicas... En aquel campamento me volví a cerciorar del terrible miedo que tengo a las alturas... de cómo se me bloquea cada músculo cuando llego a una determinada altura y mi mente deja de ser racional para atorarse de miedo... Y todo eso en sólo quince días... como todos los veranos... Podría releer tus cartas, como a veces lo he hecho y ver el remite que nunca obtuvo respuesta... aunque a veces, como en esta ocasión, me acuerde de todo aquello sin motivo alguno... es una forma de pedirte perdón a mi falta de atención... a lo que te pude hacer sufrir con mis formas y la mala educación al no contestarte... Incluso creo recordar que una vez me llamaste... me dijiste que Ana la de Barcelona iba a venir a Madrid a tocar con su grupo de guitarra... aquella misma Ana que nos tocaba los acordes de un The House of the Rising Sun o de un Yesterday cualquiera... Qué envidia les he tenido siempre a esos que han sabido hacer llorar o reír a los instrumentos... qué terrible envidia... y aquel verano del 96 terminó como terminan todos los veranos... y fue mi último verano como hasta siempre lo había sido... y el Septiembre que venía iba a ser distinto... nuevo instituto, nueva vida, nuevos pensamientos... No me olvidé de ti, como puedes ver, pero es cierto que me olvidé... tampoco olvidé a aquella Noemí de Elche, ni a tanta gente que se puede creer olvidada de todos esos campamentos... y sin embargo, por momentos, ya ves... me da por recordar... Noemí fue mi primer beso... sí, así, como suena... Se puede decir que fui víctima de una trampa en la que me dejé caer, pero de haberla sabido antes, nunca lo hubiera hecho... Habría que remontarse un año antes que el campamento de Cantabria... en concreto al 1995, cuando en un pueblo de Alicante, cerquita de Elche, perdí parte de la careta que siempre me había acompañado... Reconozco que en aquel campamento fui un poco “cabroncete”, fui a pasármelo bien, sin importarme muchas cosas... y fue allí cuando descubrí que mi teoría de los cabrones goza de muy buena salud... El cabrón atrae a las chicas como la miel a las moscas... sin embargo mi perfil de cabrón apenas duró otros quince días... de aquel campamento recuerdo a varias personas... dos eran auténticas preciosidades, Judith y Elisa, Elisa y Judith... si tuviera que quedarme con un campamento de todos los que he estado, me quedaría con ese sin dudar... Judith era una morenaza, de carácter fuerte y ojos de mirada mora, de pelo liso largo.... Elisa era delicada, morena, blancucha... las dos eran preciosas... cuando finalmente me decidí por sugerir a Judith que me gustaba... bueno, realmente no lo hice yo, sino un jodio amigo sin mi consentimiento... ella jamás se lo llegó a creer, pese a que yo le dije que sí, que tenía razón mi amigo... en cualquier caso, luego me enteré, una vez ya en Madrid, que todo era muy telenovelero... porque mientras a mi me gustaba Judith, yo le gustaba a su hermana Noemí, muchacha a la que besé por primera vez en mi vida... pero yo mientras la besaba no lo sabía, y de haberlo sabido jamás lo hubiera hecho... Muchos (bueno, los tres que leeís este blog) os estaréis preguntando cómo es posible que gustándome Judith, terminara besando a Noemí... Ya os he dicho con antelación que en aquel campamento pasé mucho de muchas cosas... y bueno, una noche en la que salimos fuera de la Granja Escuela a hacer noche en tiendas de campaña... mientras se supone que los que pasábamos la noche fuera debíamos reconquistar la Granja a los grupos de edades más pequeñas... quedamos cinco personas en la tienda de campaña que yo compartía... Julia, Sergio, Nazaret, Noemí y yo... y no se nos ocurrió otra cosa que jugar al juego de las dos monedas... no sé ni cómo accedí a ello, imagino que era más joven que ahora... pero a veces me sorprendo en mis recuerdos y casi no me reconozco... el caso es que a Noemí, le salieron dos caras... y Nazaret, prima de Noemí, dijo que debía besarme a mí... Yo no sentí nada en aquel beso, pero si hubiera sabido que ella sí, ni por un instante se me hubiera ocurrido jugar a aquello... Con el tiempo ella se olvidó de contestar a las cartas que nos enviábamos recíprocamente... imagino que todos nos hacemos mayores... y en la primera de todas aquellas cartas, de matasellos del 1995, me confesaba todo lo que sentía, y yo, igual que a la primera, la prometí que nunca me olvidaría de ella, pero como amiga... y ya veís, sigo cumpliendo mis promesas... Aquel campamento tuvo la banda sonora del karaoke del local, con su Gato Azul, y América de Nino Bravo... en aquel campamento perdí el tiempo en una discoteca al aire libre, y justo cuando perdí mi reloj, dejé de ser un cabrón para toda la vida... y casi me alegro, aunque es posible que mejor me hubiera ido de otra manera... al menos por la muestra que me tocó ver... En el verano de 1997 hubo una musa especial... creo que ha sido la mujer más guapa que jamás he conocido... aunque probablemente ya se haya convertido más en un mito que en una realidad y ni fuera tan guapa, ni quizá la llegué a conocer... se llamaba Iria, y los dos fuimos a un campamento náutico a Murcia... en concreto al último campamento que he ido y que creo que iré... Por aquel entonces yo era conocido como Iñaki Urdangarín, por el supuesto parecido que tenía con el muchacho y que yo nunca ví... pero como estaba de moda la boda de la infanta... pues me quedé con el mote, que por otro lado tampoco me importaba demasiado... Aquel fue un campamento con olor a despedida... ya no me lo pasaba igual... ya había crecido... fue el verano de la banda sonora de Ska-P, que ya he mencionado en alguna otra entrada... No hubo amores... ni ganas de ellos... no hubo niños cabrones... ni hermanas que se pillaran por mí... hubo mucho vorian... mucha medusa... y poco más... sin embargo aún me acuerdo de mucha de esa gente... de Mar, de Iria, de Marta... gente que estoy seguro que se habrá olvidado de mí... o quizá no, y hagan como yo... que de vez en cuando se dan una vuelta por recuerdos absurdos... Como aquella vez que quedé con una chica del instituto en tercero de Bup... cuando justo en el mismo día me salieron dos citas distintas... Una deseada... y la otra... la otra era un error... Sólo hay tres cosas de las que me arrepiento de verdad de todas las que he hecho en mis distintas relaciones con las mujeres... Una fue mi primer beso con Noemí, otra fue una muchacha que conocí y que no debí haber conocido... se llamaba Virginia, y ha sido el único rollo que he tenido en toda mi vida... y la tercera... la tercera fue quedar con esta chica del instituto... Rubia, de pelo caído, de mirada tímida y gesto nervioso... por aquel entonces le sacaba una cabeza... yo un chico de tercero... ella una chica de primero... y pese a todo, sacó los ovarios suficientes para venir a mi y pedirme que me quería conocer... yo no sé si me quería dejar conocer... o si sólo quería dejarme conocer por una persona en concreto... el 23 de Diciembre del 1998 por fin consiguió, tras la despedida del colegio, que quedáramos para un día... yo no quería nada con ella, pero quizá nunca debí haberla dado esperanzas... ese mismo 23 de Diciembre del 1998, en el Tapioca, me enteré que era correspondido por la única chica por la que me quería dejar conocer... unos días después, pese a mi idea de faltar a la cita que había concretado con la muchacha de primero, me planté en el sitio acordado a la hora acordada... dejé pasar cinco minutos el minutero, y me fui... Hace años que doy vueltas a ese acto... hace años que me planteo el porque de aquello... sólo cinco minutos... al cabo de unos días me llegó una carta a casa... era de la muchacha que más valor me ha demostrado en mi vida... me pedía perdón... porque el autobús se había retrasado y no pudo llegar a la hora... pero sí llegó... y cuando lo hizo, yo ya no estaba allí... me he arrepentido un millón de veces, como ahora, de todo aquello... y sin embargo era ella la que me pedía perdón a mí¡¡¡ Nunca pude entender lo que podía llegar a sentir por mí para pedirme perdón por eso... cuando tendría que haber sido yo el que la hubiera pedido perdón mil veces... Al finalizar el curso me fui de aquel instituto, porque no había posibilidad de cursar COU allí, y en aquellas paredes quedó la muchacha, a la que espero de todo corazón que todo le vaya bien... yo por mi parte... dos meses después de terminar el curso, me encontraba totalmente vacío de todo... y fue uno de los peores veranos de mi vida... si algún día, por remota que sea la posibilidad, lees estas frases, de verdad, perdona... ha pasado mucho tiempo de todo lo que aquí he reflejado, y ni siquiera sé los motivos que me han llevado a hacerlo... pero imagino que si así ha salido, por algún motivo será... y desde el comienzo no ha dejado de sonar The House of the Rising Sun... una y otra vez, una y otra vez... recordándome aquel campamento del Alto Campoo, donde una castaña me pidió que no olvidara, y yo no lo he hecho... o recordándome las mechas rubias de Noemí, quien me robó mi primer beso sin si quiera quererlo... o acordándome de Iria y nuestros viajes en vorian por el Mar Menor... o pidiendo perdón a Irene por lo mal que me porté con ella cuando no tenía ningún motivo... ya sabéis que de vez en cuando me gusta torturarme con mis propios recuerdos... Hoy quizá ha sido una noche de esas... pero bueno, siempre nos quedará esa casa del sol naciente que cantaban los The Animals para hacernos recordar... al menos hasta que la edad y la memoria así lo quieran... hoy los recuerdos me han puesto melancólico, con ganas de pedir perdón a todas aquellas a las que pude hacer daño... nunca fue queriendo, y siempre me he torturado después repasando cada acto que he hecho... Perdón, de verdad... a todas aquellas a las que les pude hacer daño en algún momento, a las que les pueda hacer daño en un futuro y a todos aquellos que haya hecho recordar... Nunca lo hice con malicia, pero reconozco mis errores... Lo siento... de verdad...

2 comentarios:

Lunae dijo...

solo te copio una frase que en su dia me dio mucho que pensar..."la memoria es una maldición, pero también es el mejor de los dones. porque si pierdes la memoria lo pierdes todo"(anne rice, "sangre y oro")

Anónimo dijo...

Ya se porque me gusta tu forma de escribir, es porque eres una persona con unos sentimientos maravillosos. Yo también me acuerdo de a los que conocí en los campamentos, y me gustaría saber de ellos, si es que crecemos y los que somos así pues nos acordamos, muchos besillos niño.