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martes, marzo 11, 2008

Quizá sea...

Quizá sea porque estas músicas me “traen recuerdos de otros paisajes, otros tiempos” y hayan tocado la poca vena sensible que adormecía en mi cuerpo. Quizá porque se acercan fechas tumultuosas, como aquel 20 de luces apagadas y persianas bajadas… o aquel 11 de fuego silencioso en los andenes de estaciones negras… o aquel 14 en el que sobraba el aire entre el filo de tu boca y mi boca. El caso es que hoy es uno de esos días en los que la mezcla de sueño y pasado vencen a uno. Aquellas cartas de sobres amarillos del ayer más o menos cercano tan perfectamente ordenadas donde siempre han estado, con aquellos anónimos tan absurdamente anónimos que nunca dieron muestras de quien era su remitente. Ese sobre azul chillón, con ese olor perfumado en hojas amarillas firmado con el carmín rojizo de unos labios pequeños… y para siempre la eterna duda. Ni si quiera llego a comprender por qué llegan a mi memoria todas esas cosas en este preciso momento… el caso es que aquel poema lo encontré tiempo después en internet y nunca jamás supe quien era la firmante del mismo… aunque tenía nombre. Jamás, bien lo sabéis quienes me conocéis, he sido un crédulo en alabanzas a mi persona, no por obtener demasiadas, que ciertamente por momentos hay sed de ellas, sino porque son meras apreciaciones subjetivas en la mayoría de los casos de personas allegadas; quizá por eso me preocupa que alguien pueda pensar que tras esas valoraciones me convierto en un “nuevo rico” cualquiera y miro a los demás por encima del hombro… nada más lejos de esta actitud es la que pretendo y no me cansaré jamás de pedir perdón a aquel que con mis actos se pueda sentir ofendido. Quizá todo esto venga de esas músicas que os digo… o de visitas a lugares poco propicios a la alegría como son los cementerios… La muerte huele a silicona, a lirios, claveles y alguna que otra orquídea. Visitas fugaces a pasados con Alzheimer, en el mismo lugar donde la dejé por última vez… aquel 26 que siendo siempre mío, jamás lo quise… por ser tan tuyo, tan tristemente tuyo… esas visitas fugaces siempre me recuerdan la levedad de la vida… el tiempo que perdemos en perdernos en divagaciones absurdas. El tiempo siempre perdido en la duda, en crear personajes para cuentos que siempre terminaban mal y de los que ya no me gusta ninguno… ni uno solo… en tantas veces que quise algo que nunca jamás se dejó querer… o en aquellas veces que dejándose querer jamás me atreví a hacerlo… pero como antaño “no fue culpa tuya, ni mía, que quisiera robar al tiempo los segundos perdidos”… y que al final del todo me encontrara con los bolsillos vacíos de segundos y tú tuvieras todos… pasamos toda una vida creyendo que tenemos dobles oportunidades, dejando puertas abiertas a un mañana que nunca se sabe con certeza si va a llegar… Quizá sea que un cierto hilito de melancolía me atrapa desde ayer al mediodía… y que tras quedadas marcadas al fuego del desierto siempre termino echando de menos a la gente… aunque apenas hayan pasado minutos y mi móvil termine justificando lo injustificable o preguntando si los autobuses han cumplido su labor de llevarnos bien a casa… Quizá sólo sea sueño… del físico, del que hace que poco a poco los párpados se cierren por su peso y señalen, inconscientemente, a la cama que me espera a mi izquierda… o quizá, simple y llanamente, es esa mezcla extraña de no saber qué está pasando… y aún quedan días por llegar… muchos… aunque como decía, ni siquiera sé si mañana será mañana o simple aire destinado a respirarse en nuestra eterna oxidación…

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