Corren aires de cambio a este lado del río. Los Siux hace tiempo que no vienen a visitarme, y los del séptimo de caballería hace tiempo que se fueron, así que tengo la certeza de que entre tanta colina erosionada sólo quedo yo y los restos de mi caballo. Mis viejas botas gastadas por la punta, me han de llevar a donde quiera que marque mi futuro, y siendo sinceros no veo un rumbo fijo y claro. Hay muchas cosas que se avecinan importantes en los próximos días, casi en la próximas horas, puesto que hay algunas que ya puedo tocar a poco que alargue mi brazo y así mis dedos rocen las hojas del calendario que andan marcadas. En apenas unos días, tres para ser concretos, dejaré paciendo al caballo que me ha llevado en su grupa durante cuatro meses en el mundo laboral. No puedo quejarme de dicho caballo, puesto que ha sido dócil y me sentó bien en sus costillares, sin tambalearse demasiado ni despeinarse en demasía las crines. Pero sin estar falto de costumbre en montas a pelo, el trote siempre me deja con mal cuerpo, que tanta subida y bajada de tripas termina mareando, y cabalgar y descabalgar sin casi descanso durante los últimos tres años, te deja más m

areado que nunca. Y es que ya son tres años sin vacaciones. Y es que ya tengo ganas de afeitarme las barbas en pueblos recubiertos de arena y duelos en las esquinas, donde poder descansar en lugares con un gran “SALOON” en la entrada. Estoy bastante agotado. No es un trabajo difícil el que me ha ocupado en estos días, pero sí es demasiado trote en poco tiempo. Apenas pido diez días para estar como nuevo, sólo diez, y de momento, me temo que tendré que esperar todavía alguno más, puesto que otro caballo, este algo más enrabietado y con más carácter me ocupa en su doma estos días, o siendo más sincero, me debería ocupar. Este caballo y yo al final siempre nos entendemos, pero por momentos me deja la impresión de ser fácil su entrenamiento, y en otras se rebela y me dice que jamás llegaré a susurrar en sus oídos. Y es que este caballo llamado Estudio sabe que soy suficientemente bueno como para apaciguarle si quisiera, pero a la larga también sabe que me cuesta ponerme en la tarea, y así se hace el remolón y se reboza en arena y masca terrones de azúcar que no sé de donde llega a robar, y al final deprisa y corriendo, a marchas forzadas, apenas me da tiempo a poner las riendas y silla, y no a trenzarle y a herrarle como mereciera. Y sin embargo luego en carrera el cabrito responde más que como debiera por los cuidados que le doy en ocasiones, pero para ello necesito acostumbrarme a su paso antes, y en ello estoy, o debiera estar, y de momento apenas trotamos y deberíamos estar ya al galope... pero aún queda tiempo, salvo que el caballo siga encontrando el maldito frasco de los terrones de azúcar... otro caballo más distinto, más reservado y difícil como es el que lleva marcado a fuego el nombre de Yo, empieza a plantearse en qué campos pacerá durante el próximo año, que hay muchos y variados y cada uno de ellos tiene una cantidad de hierba en calidad de créditos. A ese caballo por momentos se le puede ver planteándose comer de campos de cuarto y de quinto al mismo tiempo, pero en otras ocasiones tiene miedo de no saber si podrá rumiar tanto verde de una sola vez; si no será mejor para su estómago ir poco a poco, así que aún no sabe lo que hacer, y eso aún le agobia más. No es amigo de hacer planes de futuro, ni siquiera de más allá de tres días, y se encabrita cuando tiene que hacerlos, pues con más motivo si lo que se le plantea son planes para nueve meses... Por otro lado ese caballo empieza a estar contento de nuevo con su físico, algo descuidado en los últimos tiempos, no por rumiar en demasía, que en eso no ha cambiado, al menos demasiado, sino por su falta de ejercicio, que tampoco ha cambiado, pero en apenas cuatro meses, los que ha trotado al lado del caballo llamado Empleo, ha conseguido adelgazar ocho kilos, los suficientes para dejar de lado algunas inseguridades y volverse a ver medio-bien, como antaño, aunque aún le quedan tres kilos para llegar a lo que marcaba el peso del establo de hace cuatro años cuando abandonó el judo. Y es que es cierto que en todos los veranos le pasa lo mismo, que adelgaza y pierde kilos como si fueran monedas falsas, y luego en el invierno se encarga de recogerlas nuevamente, y así con cambios bruscos todos los años... pero lo que se ha planteado esta vez es re

nunciar a coger de nuevo lo perdido, y volver a cuidarse, que se lo ha ganado... que es cierto que el físico nunca jamás le ha importado, pero que quiere volver a verse bien, con esas abdominales superiores que piden tímidamente volver a salir en la triporra... y por otro lado no quiere seguir con esa sensación fondona de dar un par de carreras y agotarse, que nunca ha sido así, que cuando era potro joven llegaba a hacer nueve horas de deporte a la semana, y así pasó, que tanta hora le terminó por comer las rodillas, y arrancar fragmentos de rótula por músculos tibiales demasiado fuertes para su edad, pero asumiendo eso, y las molestias que le causan de vez en cuando, quiere volver a hacer algo, bien sea judo, que creo que le vendría bien para romper de una vez con algo que está ahí clavado... o cualquier otra cosa... Empleo, Estudios, Yo, en la cuadra quizá sólo falte esa yegua recelosa y tímida llamada Amor. Nunca me gustó llamar a aquella yegua con aquel nombre, pero no tuve más motivo que llamarla de alguna manera. Amor está enfadada conmigo desde hace tiempo. Hace cuatro años y medio que no me deja montar en su grupa, y cuatro años y medio que no me deja acercarme a acariciarle si quiera las crines. Pese a todo, yo la sigo cuidando, en lo que se deja, y no renuncio a ella. Forma parte de mi vida lo mismo que mis otros tres caballos, y todos ellos ocupan un papel fundamental. Amor es rencorosa, y sabe que quizá en algún momento no fui digno de montarla, y por eso ahora cada vez que me acerco a dejarla esos grandes terrones de sal, se esconde en lo profundo de su cuadra para que no pueda verla, aún a sabiendas de que está ahí, escondida... Últimamente se ha dejado ver algo más, parece que empieza a perdonarme, pero sigue siendo recelosa y ni relincha ni mueve la cola cuando me ve. Yo sigo queriendo a aquella yegua, aunque ella me trate así. En los últimos días un comunicado oficial del pueblo me reclama a esa potrilla para trabajos de diligencia, con lo que las comunicaciones dependerán de ella en un futuro. Creo que le vendrá bien alejarse de mí durante un tiempo, de todo lo que conoce y le rodea, porque entre otras cosas yo debo ocuparme de domar a Estudio, algo holgazán últimamente. Quizá saliendo de su cuadra se de cuenta de que fuera hay luz, y de que es vigorosa y resplandece como el resto de caballos de su especie... aunque probablemente necesite tiempo para darse cuenta de ello, así que en respuesta al comunicado oficial del pueblo, les cedo a esa yegua hasta el tiempo que sea preciso, incluso si ese tiempo es indefinido y sirve para que vuelva a correr feliz de haber vivido, y sepa que tiene sangre y ganas de luchar por imposibles. Ya digo que no tengo miedo de los Siux, ni de sus ataques a diligencias. Ellos me conocen, aunque haga tiempo que no vengan a visitarme, y saben de los cuatro caballos que me sustentan... Los del séptimo de caballería... hace tiempo que se fueron... y me dejaron en mi cueva, aprendiendo a revivir en el desierto durante los últimos años, pero ahora tengo ganas de Salones, de partidas de cartas y duelos mañaneros. De amarrar a mis caballos a mi espalda y saber que si los necesito en cualquier momento, estarán dispuestos a salir al galope a cazar sueños... y por eso corren aires de cambio a este lado del río... y mis botas desgastadas me llevan ladera abajo, a ojos de miradas perdidas, a horas de historias inventadas, de ejercicios no soñados y de trabajos que no me darán la vida que merezco, pero a fin de cuentas yo soy eso, Yo, y mis otros tres caballos...
1 comentario:
tu y tus circunstancias...tan tremendas...pero tan humanas...te cedo sitio en mi establo, a ver si consigues dominar a Estudio, y me ayudas a dominar mi Arte...que tambien esta de un encabritado que me asusta...soy incapaz de hacerle correr por la verde ladera...se niega...solo quiere pastar, refrescarse en el rio...y yo ahi, impotente, susurrandole que ha de llevarme a nuevos parajes, pero nada, parece que le ha tomado cariño a donde ha vivido este ultimo año, y no quiere moverse de ahi...menos mal que siempre puedo salir a cabalgar por las dunas con Amor, mi mejor caballo, el pura sangre negro, brillante...al menos a veces puedo evadirme sobre su lomo, alejandome a parajes impensables para mi hace un tiempo...en fin, lo dicho, que animo, cabalga, y cuida a Yo...aunque que quieres que te diga, yo lo veo perfectamente...es un gran caballo.. ;)
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