Rompo las espinas de las rosas con las palmas de mis manos y sangro pétalos. Me ensancho y crezco hacia arriba y hacia abajo, y me salen alas donde nunca antes hubo plumas. Me confío demasiado y desconfío. Tus ojos mienten cuando dicen esas cosas. Tus ojos mienten cuando hablan de querer

o de no hacerlo. Las mariposas juegan a ser grises y pintarse calaveras en las frentes. Los pasos de cebra son los códigos de barras de las calles que pisamos. Y escaleras no le faltan a la Luna para subir a verla, pero siempre se parten los escalones cuando van a darla un beso. Hay tierras yermas que sólo con mi paso brotarían en Jardines Colgantes. Hay cielos grises que se abren con mi luz. Hay adoquines en el suelo que beben todo el alcohol que les llega hasta el suelo. Y mi mano ensangrentada de pétalos rojos, siempre pétalos rojos. Y tus ojos mojados de alcohol. Vete, olvídame para siempre. Rompe tus nidos, tus marcas, tus señas. Rompe tus piernas y alas e ideas y vuelve al lugar de donde nunca viniste. Y yo. Con brochas pinto los días que cercenas. Las noches que maúllas ya no tienen estrellas. A la suerte se la pinta calva. A la verdad ni siquiera se la pinta. Y hay demasiados dioses de demasiadas religiones en los cielos. Abro caminos con mis brazos. Abro nubes con mis piernas. Y ni mis manos ni mis pies llegan a pisar la nada. Olvídame te digo. Olvídame. Y nubes negras. Muchas nubes negras... que

anuncian tormentas salvajes y nuevas. Pero no hay nada nuevo y todo se ha vivido. Todo se repite. Todo se deja de amar y se empieza a amar al mismo tiempo. El adiós es el comienzo del hola. El amor el comienzo de un olvido. Y sigue lloviendo tierra en los cristales ajedrezados. Siguen lloviendo ranas en las plazas de Egipto. Y es que con sólo un dedo he roto las cadenas. Con sólo un dedo he avanzado mil caminos y apresado a mil palomas mensajeras. Mensajes. Llamadas. Aullidos. Voces que no cesan. Y todos diciendo mentiras y comiendo verdades de sobremesa. Y los puros son cada vez más cortos. Y los segundos más largos. Y con todo, voy rompiendo las espinas de las rosas con las palmas de mis manos y sangro pétalos. Y aplaudo y grito, y canto y lloro, y zapateo y relamo mis heridas ya cerradas porque sé, que mis alas arden y siempre, y digo siempre, vuelo muy cerca del fuego. Y hace frío...
2 comentarios:
:). Te reirás... me ha gustado, era bonito, pero como suele suceder últimamente en esos momentos en que te miras el ombligo... no he entendido nada... supongo que para entenderlo, es necesario mirar el ombligo desde tu ángulo... Muchos besos!
diso mio, que rayante....no se si me he enterado de algo o no me he enterado de nada...he perdido la practica de leer entre lineas tus palabras...crees que algun dia conseguire volver a ser tu lectora number one??empiezo a dudarlo...y lo siento... :(
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