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jueves, noviembre 09, 2006

Felicidad: carga completa¡¡¡


Para “Amiga”

Cuando las cosas están de liarse, al final se lían. El destino, siempre lo he dicho, es un ser caprichoso al que le gusta enredar demasiado, y el tiempo es tan puñetero que se alarga y encoge a placer. Hacía la friolera de cinco años que no pisaba aquellas calles. La friolera de un quinquenio de no saber de la existencia de aquellos lugares. Y hoy, por las cosas que tiene la vida, veo que casi nada ha cambiado. Girar la cabeza y volver al pasado era un ejercicio que acostumbraba a hacer en mis tardes de lamentos. Ahora ya he aprendido que cansa demasiado, y deja agujetas en las maltrechas cervicales. Pero hoy era distinto. El mismo lugar, los mismos perritos calientes que no hemos querido comer, y aquel mismo billar con el mismo banco de piedra y las mismas baldosas rotas casi-todas por nosotros.... y hoy casi casi hemos seguido en nuestra tarea de acabar con el gress. Unas risas, un par de partidas, y como cuando éramos jóvenes, o perdón, todavía más jóvenes, a aquel bar donde íbamos siempre. Había estado un tiempo cerrado. Ha cambiado de nombre, y ninguno teníamos la certeza de qué nos íbamos a encontrar. La misma puerta estrecha de siempre, la misma columna a la derecha y las escaleras para bajar a la segunda planta justo enfrente de la puerta. La barra según entras detrás a la derecha, y la cabina de música... la cabina de música justo justo en el lugar donde te di aquellos besos... sí, de los primeros... La televisión que siempre tenía “Videos de 1ª” ya no está, y en su lugar un equipo nuevo de sonido e imagen se reparte por todo el local. Se ha pintado y han puesto unos sofás que parecen bastante cómodos. Allí donde siempre estaban Cecilia y Lorena hay ahora una mesa de billar, y al fondo, dos dianas de dardos... y por todos lados, en cada uno de los rincones de ese bar, hay infinidad de noches perdidas, de besos, de palabras que me hubiera encantado decir, de palabras que dije, de bocas besadas, de esas sonrisas que alguna me echaba y de tirones de manos para sacarme a bailar... Estaban todos y cada uno de ellos, y he vuelto a tener 17 años cuando Jose, sin darse cuenta, se ha mojado los pelos en el baño de aquel bar... y estaba todo igual y todo distinto. Y hay tanto de mí en esas paredes... Cinco años que no volvía por allí... La verdad es que nos hemos prometido que volveríamos, que nos ha gustado... Probablemente ya no sea como antes... ya no nos sacarán a bailar, ni estará “la de blanco” siempre enfrente nuestra y nosotros enfrente suya, como si de una especie de rito mágico se tratara, ni estará aquel grupo de muchachas con efecto microondas, alguna vez lo intentaron con nosotros, pero teníamos tan vista a la gente de aquel bar, que era imposible que les diera resultado... tampoco estará Cecilia, aquella belleza a la que le gustaba jugar con las cuerdecitas de mi jersey... qué lástima que tuvieras novio, aunque mira que nos vimos veces y jamás de los jamases aparecía por allí... y por no estar no estaré yo, ni mis 17 años, que se fueron hace ya tiempo para no volver... Y sin embargo, las mismas dos cabinas de teléfono a la puerta, y el mismo telepizza que me vio dubitativo aquel primer día, apoyado en un coche, pedirte que fueras mía para siempre... Hay tantas cosas que están sin estar... Hay tantos años que han pasado... y las sensaciones de volver a un lugar donde se ha sido tan feliz, donde no pasaba un fin de semana en el que no estuviéramos, en el que no entráramos aunque fueran cinco míseros minutos... y fines de semana enteros metidos allí, con las paredes rezumando agua, y con poco aire acondicionado (que ahora sí han puesto)... Creo que fueron cuatro años de visitar todos los fines de semana aquel local... Y hoy, en fin, aún me dura la sonrisa... me hace cosquillas el pasado... Sí, estoy gilipollas, pero al pasar por aquellas calles, al entrar en aquel sitio, he sido feliz. Al ver que aún sigue el bar de los bocadillos de calamares en el mismo lugar donde lo dejé, el saber que detrás de la barra de aquel bar con billar, estaba el mismo hombre serio, calvo y canoso de siempre, saber que hay rincones de esta ciudad que fueron míos y que después de mucho tiempo siguen siendo míos... Me dio tantísima pena que cerraran aquel bar... Me dio tantísima pena que no volviera a haber risas dentro de esas paredes... Y lo que tienen las cosas, hoy, sin más, sin venir a cuento, cinco amigos quedan para cenar, como lo hacen con cierta frecuencia, y terminan en aquel sitio que les vio crecer, que les vio besar y tontear con unas y otras y las de más allá, que les vio reír, sonreír, y partirse en dos de risa, que les vio cabrearse, ilusionarse, y recordar lo que habían perdido... En Komala comprendí, que al lugar, donde has sido feliz no debieras tratar de volver... Hoy puede morir el mundo, porque por tonto que parezca, hoy, soy feliz...

Pd: alguno se habrá sorprendido al ver que esta entrada va dedicada a “Amiga”. No, no es lo que pensáis, no hay ningún misterio detrás de ese “Amiga” entrecomillado... Sencillamente “Amiga” es el nombre propio dado por una amiga a una amiga suya... síi, sé que suena enrevesado, pero si lo leeís despacito, seguro que os enteráis. “Amiga” si por un casual algún día llegas a leer esto, probablemente ya hayas comprobado que muy cuerdo no debo estar; además estarás condicionada por todo aquello que te haya podido contar la amiga mutua que tenemos, probablemente mucho más amiga tuya que mía y ya te habrá dicho que estoy bastante pirado... Esa amiga tuya es tan celosa con sus cosas, que a mi pregunta de cómo te llamabas me respondió que Amiga, así que no puedo poner tu nombre aquí... Sé que esta no es una de mis mejores entradas, y que tendría que haber esperado a que la inspiración fuera algo más cariñosa conmigo para haberte dedicado algo, pero a fin de cuentas no es la entrada lo que te dedico, es el sentimiento de felicidad que ahora mismo tengo... así que ya sabes... por otro lado, como imagino que verás mucho más a menudo a esa amiga mutua que tenemos que lo que la consigo ver yo, cuídamela mucho, ¿vale? Y no dejes que esa cabeza suya sea tan tontorrona... ¿me lo prometes? Bueno, eso espero... tú también te me cuidas mucho, que como en el viejo dicho, los amigos de mis amigos son mis amigos... aunque bueno, tampoco hay que pasarse, y no en todos los casos pasa eso... que te podría contar yo uno por ahí¡¡¡ pero no, mejor que no, que nuestra “amistad” es aún muy reciente... jajaja... En fin, “Amiga” un beso muy fuerte para ti en primera persona del singular, y un beso muy fuerte, igualmente, para la segunda persona del plural que aún me leeís, que yo también me miraría eso eh¡¡¡ que leer a un tipo como yo manda huevos¡¡¡ lo dicho, yo me lo hacía mirar... que igual nos hacen descuento en el manicomio... Besos y abrazos a repartir según corresponda y necesidades vitales de cada individuo.... Hasta más y mejor ver...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jo, Javi, mira que mandarnos de esta manera al manicomio :P! En fin, me alegro de estés tan superfeliz... yo estoy contenta hoy así que no me quejo :D... Y bueno,yo intento no volver a Komala ni en pensamientos, a veces hay recuerdos que son demasiados pesados como para seguir viviendo tirando de ellos. Supongo que todo es cuestión de tiempo y de cómo se vuelva a Komala... Besos!