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martes, noviembre 21, 2006

Café, pastitas y Muerte...

Creo que con sinceridad puedo decir que la silla que ha ocupado mi culo mucho tiempo está empezando a cansarse de mí. Hoy la he visto sacarme la lengua como si nada... y es que empiezo a ser culo inquieto y a querer hacer muchas cosas sin terminar ninguna... Hay un montón de palabras desordenadas que vuelan por mi cabeza como si nada... ni controlador aéreo ni torre de Babel que sepa cómo parar tantas idas y venidas. Cuando la muerte vino a visitarme el otro día, yo, educado como siempre, la invité a café y a pastas de té... me dijo que no entendía como para el café le ofrecía pastas de té, a lo que contesté que yo no entendía como la muerte en persona podía estar quejándose de lo que un mortal le ofrecía... Digamos que aquella visita no era casual... Siempre me ha inquietado en demasía... y muy probablemente en demasiada demasía... todo lo que concierne a esta buena señora. Mi afán periodístico siempre ha sentido la curiosidad irrefrenable de querer saber qué se esconde detrás de esta mujer... Pues bien, cuando el otro día se sentó en el sofá de mi salón... di tres vueltas alrededor de ella... y quitando su espalda nada se esconde detrás... Quien diga que la Muerte va de negro es que nunca la ha invitado a tomar café... Aquella señora, por momentos señorita, acompañó a su pamela blanca de un majestuoso vestido ceñido a la cintura con caída a media pierna... una torera que al igual que el vestido, acompañaban en la blancura a la pamela... unos zapatos de tacón de aguja, por supuesto blancos, y un bolso de mano rectangular que evidentemente también era blanco... Su pelo moreno, sus ojos marrón-avellana y una mueca que simula una sonrisa. En ningún momento de la tarde tuve miedo. Sabía de antemano que se pensaría mi oferta... Muy bien, querida muerte... le dije muy serio... quiero pactar con usted el día de mi muerte. Y quiero que sepa, que por mucho que usted me mate... yo viviré estando muerto pues he de cumplir mis cláusulas... La mujer que allí estaba, mojando una pasta con media guinda como corona en su taza de café... sólo asentía divertida ante mi interpretación...

- como primera cláusula... sólo me moriré cuando sea realmente feliz
- como segunda cláusula... tendré que conocer por lo menos seis o siete países del mundo antes de fenecer
- como tercera cláusula... deberé volver a ver Nötre- Dame como aquella noche en la que estaba completamente vacía, y la música de un violín acompañaba la plaza mojada
- como cuarta cláusula, será de obligado cumplimiento el decir “te quiero” a cada persona a la que haya querido, si por algún motivo, no he dicho te quiero a alguna, bien por despiste o por no estar seguro, usted, la Muerte, vendrá y me dirá que quise a fulanita de tal y nunca se lo dije para poder subsanar el error
- la quinta cláusula dice que tendré que sentir cien veces el gusto de pisar la hierba, el olor a tomate mientras se fríe, el viento al borde de una playa y el escuchar el rugido de una cascada
- la sexta cláusula será que no moriré antes de ser joven... aunque tenga ochenta, noventa o cien años cuando muera... siempre seré joven... no me deje envejecer de espíritu
- la séptima cláusula supone que no he de morir sin que nadie en mi vida me diga “te echo tanto de menos” y que ese de menos no sea tan pequeño como para que no sea sincero... y que nunca nadie tenga que echarme de menos
- la octava cláusula especifica muy claramente, que he de terminar de escribir un libro... algún día, en algún momento y en algún lugar...
- la novena cláusula dice que no he de perder jamás mis recuerdos... si acaso aderezarlos con algo más de azúcar que de sal... pero son los alimentos que dan sabor a mi vida...
- la décima cláusula dice que no podré morir si he fallado a algún amigo, si me he ido demasiado lejos, tan lejos, que nunca vio las manos que le tendía...
- la undécima cláusula especifica que moriré soñando... aunque no dormido... que seguiré creyendo en los ideales, en la ruina de las fronteras, en lo absurdo de las banderas... que seguiré siendo un troll perezoso de buen corazón... un ser tonto que quiere a quien no le quiere... un ser sin sentido que escribe tonterías a altas horas de la noche...
- la duodécima cláusula será...
Cuando no había empezado aún a decir la duodécima cláusula, la señorita de blanco recogió sus cosas, sacó una pluma de su bolso y firmó en mi silla de la habitación... Me dijo muy seria, pero siempre con esa sonrisa en la cara... “Esto es todo lo que puedo hacer para cumplir tus condiciones” y se fue por la puerta más lejana a la salida... Mi silla no ha muerto, no vayáis a pensar... pero sí es reacia a mantenerme durante mucho tiempo... dice que qué coño pasa... que tengo 24 años y que soy demasiado joven para ocuparla tantas horas... creo que tiene razón... y en fin... desde aquel día... en mi cabeza sobrevuelan miles de frases, palabras, prefijos y sufijos... con “te quise” para aquellas a las que nunca se lo dije... con Korea, Fidji, Cuba, Jamaica, China, Egipto, Alemania o Nueva Guinea... con “te echo de menos”, con olores, sonidos, sensaciones... con la ilusión de leer comentarios, y que me lleguen mails que dicen más que Fw o Rw, y que salen de dentro de alguien que por un instante, se tomó la molestia de pensar en mí... como antes, con las cartas... cuando no existían móviles ni sms... y tardabas tres días en hacer llegar tus pensamientos, y otros tres en que te los devolvieran en sobres amarillos... y ese nerviosismo por abrir la carta y lanzarme a devorarla... puff, nunca jamás he vivido nada igual... pero ya no hay cartas... ni e-mails que salen de dentro... sólo Fw y Rw... pero en fin... esos Fw y Rw han roto las fronteras... y la bandera de internet tiene muchos colores... demasiados... y lo mismo cabe un chino, que un francés, que un español o un boliviano... Y la muerte me guiña el ojo... porque sabe que al final, escribo lo que ella quiere, y no lo que quiero yo...

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