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domingo, julio 23, 2006

Dalí*





Duermen las sombras,
Bostezan rutilantes los desaires,
Los besos postizos azulados,
El gris eco del olor a la locura.
Y se enhebra un calor mal apurado
Con un aire frío descompuesto
De sabores, al rojo violento del fuego,
Verde amarillento comido en las puntas
Por el tiempo, por el paso susurrante,
Por el centenar de crines blancas,
Platas, y vajillas a juego con un reloj
De pared en la cocina, derretido,
Como Camember, a las siete menos cinco.
Y un Millet más viejo y desgastado
Y un “Ángelus” con forma erosionada.
Un Picasso amorfo antropomorfo,
Con una España comida por si misma,
“para tanta carne, se necesitan judías”.
Un teléfono negro eyaculante
Con retorno sin retorno
De un “ser o no ser” Hitleriano,
Y un Cristo crucificado,
Sobre el mar, sobre el todo,
Como un Dios que pinta a otro;
Y en el reloj siempre sonLas siete menos cinco.
*Poema escrito el 2 de Julio del 2003

1 comentario:

Anónimo dijo...

Las siete menos cinco siempre fue una buena hora, al igual que lo son todas para decirte que sigas escribiendo..